El mundo nos llena de ansiedad y necesitamos ver resultados ¡ya! No nos conforma nada, no tenemos paciencia para nada, no podemos esperar… Por eso cada vez nos alejamos más de Dios, porque pretendemos que su presencia y sus realizaciones ocurran ¡ya!

¿Y si nos replanteamos las cosas? ¿Y si consideramos que Dios se manifiesta todos los días, a cada momento, sin que nos demos cuenta? ¡Y si pensamos que Dios es una suma? Todo el tiempo un poquito… Cosa por cosa. Realización por realización. Milagro por Milagro.

Si nos planteamos esto, la angustia va a desaparecer. Y nos daremos cuenta que estaremos mejor. Porque el “resultado ya”, el “tener cosas ya”, nos crea una gran angustia, porque nunca llegamos.

Siempre tenemos la sensación de que fracasamos, de que no cumplimos con la expectativa. Todo cambiaría si nos diéramos cuenta de que nuestros días son sucesiones de sumas, de cosas que vamos logrando casi sin que nos demos cuenta y que valen muchísimo.

¿Cómo se manifiesta Dios? En nosotros mismos. Porque si creemos en él, tenemos el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo son nuestros dones. Y todos tenemos un don, que no necesariamente es algo grandioso.

Pueden ser, y en general siempre son, pequeños dones la capacidad de trabajo, ser ordenado, dirigir un grupo, aportar algo distinto, etc. El don que se te ocurra o que creas que vos tenés.

Pero nada de esto sería posible sin el don más importante: el del Amor. Todo lo debemos hacer con amor y movilizados por el amor. Y esto es Dios, que es amor.

¿Vieron que Dios está? En cada uno de nosotros todos los días, con nuestras realizaciones, con nuestras acciones, con nuestras sumas. Sólo hay que intentarlo…

Via Jorge Laprovitta