Nos pasamos la vida esperando el momento justo. Sin embargo, aquel instante puede tardar toda una vida. Hay muchas formas de dejar que estos momentos pasen, no obstante, todas estas formas pueden resumirse en tres actitudes del hombre actual: primero, están aquellos hombres y mujeres que quieren hacer las cosas tan perfectamente que cada vez inician algo lo reforman tantas veces que cuando llega el momento de terminar lo que iniciaron ni siquiera recuerdan qué deseaban hacer.

Segundo, están aquellos que por cobardía ni siquiera lo intentan y dejan pasar los momentos por miedo a no saber que viene después.

Y tercero, están aquellos que son tan críticos que piensan: Si, logré determinada cosa, pero podría haberlo hecho mejor si hubiera sido más paciente y hubiera esperado el momento justo”. Sin embargo, este pensamiento critico no los deja disfrutar de todas aquellas cosas que han vivido porque se pasan los días criticando su pasado y se olvidan su presente.

Los tres pensamientos antes mencionados dominan al hombre de hoy, el problema está en aceptar que no somos perfectos y que esperar el momento justo, implica dejar una decisión sin resolver.  Pero si cada uno de nosotros, fuera capaz de aceptarse con sus defectos y virtudes, esto dejaría de ser un problema, para ser una parte de la solución.