Hilarante. Ese podría ser uno de los adjetivos con el que alguien que conozca al menos levemente la vida, la historia y la actualidad política dominicana, calificaría la expresión del ciudadano presidente de la República Dominicana, Dr. Leonel Fernández Reyna, el pasado día dos de Julio, al decir que lo referente a la reelección lo decidiría el pueblo. Repito, hilarante, jocoso, quizá burlesco.

¿Qué quería dejar dicho el presidente Fernández, con eso de que el pueblo habría de decidir? Suena como si en la República Dominicana no hubiese un sistema de normas jerárquicamente superiores que estatuyan al respecto. Como si el texto de la Constitución no fuese claro al respecto. Como decisiones de este tipo pueden o deben ser tomadas en último momento, en las cercanías de un proceso electoral, o peor aún, ser tomadas y variadas cada cierto tiempo, “por respetar la decisión del pueblo”. Un lector desapercibido podría pensar que se trata de un aula de infantes, donde los chicos levantan las manos para decidir si quieren la fiesta en horas de la mañana o de la tarde. “Que el pueblo decida”. Que tierno. ¡Cuánto patriotismo!

Pero no.

El pueblo ya decidió, señor presidente. Decidió institucionalmente. Decidió por medio de sus representantes, si es que así se les puede llamar a aquellos hombres que acataron –y estos es irónico– sus propias disposiciones, luego de pactar de espaldas a la sociedad, con su rival político. Muchas de las decisiones tomadas en aquella ocasión, fueron tomadas a lo interno de grupos políticos, fueron sancionadas por una Asamblea Constituyente. Escogida por el pueblo. Yo creo que una asamblea que con ciertas elecciones no debe ser recordada con beneplácito por la historia. Una asamblea que dependía más de su voluntad, señor presidente, que de la de los propios asambleístas. Pero, repito, una asamblea escogida por el pueblo. Democráticamente. Institucionalmente. Y el pueblo, con pesar, como en el caso de quien escribe, ha acatado esas normas, como supremas. Por tanto, su contenido, es la decisión del pueblo.

Dicha Constitución, a la que he criticado por entender que lacera el sistema de Separación de Poderes, pero que respeto como norma suprema, la misma a la que me he expresado como un poema, y no como una ideal Ley de Leyes, ese texto al que me he referido como sostén normativo de un sistema hiperpresidencial, pero que aún así he acatado, pues es mi deber ciudadano hacerlo, (y entiendo que también el suyo, tanto más si el texto le conviene en numerosos aspectos), dispone en su artículo 124 lo siguiente: “El Poder Ejecutivo se ejerce por el o la Presidente de la República, quien será elegido cada cuatro años por voto directo y no podrá ser electo para el período constitucional siguiente”. Dicha Constitución, sobre la que se nos ha enseñado tanto pero tan poco, dicha Constitución es clara: la reelección está proscrita. Y esa, guste o no, es la “decisión del pueblo” que importa.

En el sentido de todo lo antes expuesto, las voces que le han dicho que esta Constitución no le es aplicable, le han mentido. Las que dicen que hay manera de interpretarla a favor de la reelección, han mentido (despiadadamente). Finalmente sobre las voces que aseveran que dicha Constitución puede ser modificada o que un mecanismo de participación política directa puede ser implementado, a esa última línea de pensamiento, me he de referir en otro escrito. Pero en este, quiero repetir a toda voz: El Pueblo ya decidió, señor presidente. Queda abierta entonces la pregunta, ¿Acatará usted esa decisión?

Gracias Pedro Montilla por el aporte.