Muchas personas mayores añoran los tiempos pasados porque la gente se amaba, se respetaba, se cuidaba, velaban unos por los otros, la palabra dada era cumplida y salvo excepciones y muchas veces por pasiones, se oían, por aquí o por allá, casos de personas que perdían la vida por motivos particulares.

Realmente se han perdidos muchos valores humanos, morales, éticos y espirituales que han perjudicado la verdadera convivencia humana, aunque por otro lado han surgido otros valores que han posibilitado mejor calidad de vida, aunque lamentablemente a costa de muchos sufrimientos que llegan de dentro y fuera a la familia y a la sociedad dominicana.

Cuando vemos violencia intra-familiar, muerte violenta que bañan de sangre por todas partes nuestro suelo patrio, por el afán de dinero fácil, por apetencias políticas, por pasiones de toda índole, intercambios de tiros, abortos clandestinos, el temor de andar por las calles… muchos decimos, hoy parece que “la vida de una persona no vale nada”.

¿Cuanto vale la vida? ¿Cuanto vale una persona? Cuando se ama con el amor de Dios, en el mundo no hay valores ni dinero que valgan para comprar a un hijo, a una hija, a una persona, porque su valor sobre pasa toda riqueza humana, porque las personas valemos, lo que valemos para Dios.

Cuidemos de las personas, no importa quienes sean ni lo que sean, ni lo que hagan, pues todos tenemos una gran dignidad por ser hijos de Dios. Dios puso en nosotros todo su amor al crearnos a su imagen y semejanza y darnos el mandamiento de amarnos los unos a los otros.

De la autoria : Mons. Pablo Cedano Cedano

Transcrito por un servidor