“El mundo es el espejo de cada uno y por ende, lo que critico es lo que no me atrevo a cambiar de mi mismo” Juan Trigo

Hablando de necesidades de cambio. Decía Einstein que si queremos que los resultados sean distintos hemos de emplear métodos nuevos. Lo digo porque me ha dejado bastante atónito el ataque furibundo contra los que se ha calificado de políticos parásitos.

Queremos cambiar el mundo para no tener tiempo en ocuparnos de cambiar ni un ápice de lo que desde hace tiempo sabemos que hemos de cambiar en nosotros mismos. Transferir a la película “cambiar el mundo” lo que hemos de cambiar en nosotros mismos es el antoengaño cotidiano, un autochantaje, una traslación afuera lo que debería haberse hecho dentro.

Tal vez lo que ocurre es que nos han despertado de golpe de nuestro “sueño americano” con esas trompetas del apocalipsis, igualmente artificiales como aquellas, haciéndonos ver que esa comodidad y artificial protección de comedero de pollitos de granja ya no es tal porque al granjero se le ha ocurrido cambiar de negocio, hacer pastel de pollo, como en la película, en lugar de alimentarlos.

¿Vamos a seguir criticando a los “políticos parásitos” o plegaremos  nuestra silla de ruedas  y echaremos a andar? Como siempre, la vida es lo único y más precioso que tenemos (con permiso de los budistas), a nosotros nos toca hacer de ella una aventura intensa y divertida o buscar otro refugio, otra granja, otra coartada.

Por cierto, ¿realmente necesitan otra coartada para seguir criticando y mirando a otro lado, o se deciden a actuar? Pienso que el tiempo que perdemos criticando podríamos emplearlo en actuar.

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