La vivencia del tiempo es una cuestión de óptica interna. La memoria ordena nuestras experiencias en el tiempo como un pintor ordena el espacio con perspectiva.

La pregunta me la hice al ver que tenemos una infancia muy prolongada:

La respuesta es muy simple: Tomaremos la idea el reloj de arena. Entre más años pasan los granitos se van desgastando y bajan más rápidamente por el orificio, de tal modo que un minuto puede contarse en 37 segundos. Cuanto más viejo sea un reloj de arena, más rápido pasará la arena.

Todo esto tiene que ver con las equívocas operaciones de la memoria, especialmente con la memoria autobiográfica que es nuestra compañera más íntima. Funciona de manera diferente cuando tenemos cinco años que cuando tenemos quince o sesenta, aunque los cambios son tan lentos que apenas los notamos. Apenas empezamos a recordar hacia los tres o cuatro años; antes lo que hay es una especie de amnesia infantil. La vivencia del tiempo es una cuestión de óptica interna. La memoria ordena nuestras experiencias en el tiempo como un pintor ordena el espacio con perspectiva. La duración y la velocidad dependen de la intensidad de nuestras percepciones y de las imágenes que tenemos en la memoria.

La memoria está llena de equívocos porque el cerebro tiende a recordar lo esencial de las cosas, no los detalles.

El tiempo realmente vivido y experimentado discurre lento cuando nos aburrimos o estamos en pena o enfermos, pero se escurre y se desvanece de manera más rápida cuando la estamos pasando bomba.

Espero que le haya aclarado las dudas así como yo :) !

¡Pero nunca debemos olvidarnos que la larga vida en sí misma no es pura bendición!

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