Me niego a creer que es la  idiosincrasia dominicana la que nos impide progresar. Y no me refiero a esa clase de  progreso que acuña el milagro dominicano por la mañana y por la tarde destruye lo que hace de esta tierra algo especial: su esencia y espíritu, sus personas y sus hermosos paisajes.

Hablo del progreso que hace a los pueblos mejorar no solo económicamente, sino en lo social y lo humano. ¿Tan ciegos estamos que no vemos el camino? Acaso no son otros los que han hecho lo difícil, son ellos los que descubrieron como hacerlo, como se puede llegar a donde el hombre puede ser libre e igual a sus semejantes. ¿Ni siquiera podemos encontrar el camino ya transitado?

Son ellos los políticos que nos dicen: subiremos los impuestos, la reforma fiscal, aumentemos el gasto público… que paguen más los que más tienen y repartamos bien lo que tenemos, se puede hacer, “nosotros” lo hemos hecho, ellos lo llevan haciendo durante décadas. ¿Qué sucede? ¿Que en los otros países  se respira algo en el aire que te hace ver las cosas con más claridad? o simplemente es ¿que somos tan estúpidos que ni siquiera podemos copiar el modelo que ya sabemos que funciona mejor?

Ellos (los políticos) son más “blancos” que nosotros, nos reímos de ellos por su frialdad y hasta por su manera de vestir. Pero en el fondo cuando nos miran nos sabemos estúpidos, porque ellos si saben lo que tienen que hacer, si saben cuáles son sus derechos y los defienden y protegen ante al más mínimo ataque.

¿Y nosotros? Nos gusta decir que somos más de “sangre caliente” y nos vanagloriamos de hablar a voces y de llenar de improperios a quien le hace el más mínimo desaire. Nos manifestamos y vivimos como afrontamos cualquier estupidez trivial hecha a nuestro equipo de béisbol, actor, deportista o personaje favorito. Pero cuando de nuestros derechos más fundamentales se trata, o cuando nuestro futuro y el de la sociedad dominicana están en juego, parece que no va con nosotros y preferimos aburrirnos en un bar, en un liquorstore, o en un Parque de la Zona Colonial.

En un bar por cierto, que gracias a la inseguridad, saliendo del mismo tendrás que darle dinero al parqueador por que si no te raya el auto, y porque no? también  en una zona oscura puede que te pare la policía y te pida 600 pesos para la cena, ni hablar a la entrada del bar, por que si eres negro y  andas mal vestido no te dejan entrar (te rebotan).

Llego a mi trabajo, no hago bien sentarme, cuando una persona hace comentarios sobre su disfrute del pasado fin de semana; alcohol, mujeres; mostrando su nuevo celular.

Pero como todavía ir a un bar sigue siendo asequible y los días de béisbol cuando juega Licey vs Águilas, parece que no hay crisis, los bares se llenan día sí y día no también.

Una de dos: o la mitad de República Dominicana vive del cuento y su economía depende del resultado de los partidos y yo no me he enterado, o es que soy de los pocos (porque me niego a pensar que soy el único) que  piensa que vivo en un país de estúpidos analfabetos (no de letra ni número, sino de raciocinio y entendimiento).

Como dice la canción de Los Amigos Invisibles: “Esto es lo que hay… ”

¿Porque  esto resulta siempre tan raro a mis compatriotas? será que soy un dominicano que vive en Groenlandia y todavía no me he dado cuenta.

Artículo realizado por José Dolores, adaptado por José G. Rodríguez (un servidor) a la realidad dominicana.
Texto Original: hablandorepublica.blogspot.com.es Via noticiascuriosas.info
Foto ImagenesDominicana.com: Trapos de bandera en Parque honra a María Trinidad Sánchez