Yo como acostumbro todas las mañanas coger un carro público, nada diferente hice hoy, pero como todos los días los pasajeros no son los mismos. Hoy por obra de Dios si así podríamos decirlo, estaba una señora que tiene una niña con parálisis cerebral, algo muy duro para cualquier familia.

Nos relato como fue un día cuando le dio una crisis a su hija.

Relato:


Fue un día normal, me levanto y le doy el desayuno a mi Angelita, pero ella comió poco, al medio día por igual, pero ya en la tarde la empiezo a sentir pálida y con los labios muy morados. Yo sin fuerza llame a mi hermana para que buscara a un primo y nos llevara a la Clínica Corominas. Mi primo iba por ese camino tan rápido que sentíamos que quería volar los demás carros, yo casi no pensaba en eso, porque tenía a mi niña en brazos y era lo más importante.

Cuando llegamos a emergencias, ningún doctor la quería atender, todos decían que no era su caso, le ponen un respirador las enfermeras y ella empieza a respirar bien, pero llego un doctor que por menos de dos minutos se lo quito y la niña empezó a ponerse morada completa y fría y yo angustiada le dije al doctor que no me la dejara morir que ella no estaba respirando y el volvió a ponerle el respirador.

Su diagnostico fue que la entraran en cuidados intensivos, pero mi hermana dijo que ella allá iba a estar sola y que no quería que la ingresarán allá.

Pues el doctor desahucio a mi angelita y me hizo firmar un papel que decía que yo la iba a sacar de la clínica y era responsable de cualquier cosa que le ocurriera, en ese momento no supe de mi..

Cuando nos íbamos, me dicen que me monte primero en el carro, porque ya el doctor le había dicho a mi hermana que mi angelita no llegaba al parqueo (esto lo dijo bajo llanto), nos montamos y yo no podía hablar ni sabía de mi.

Llegando a mi casa me doy cuenta de que la noticia de mi angelita se había corrido por todo el vecindario y estaban todos en mi casa, empezamos a orar y aunque yo no podía hablar, sabía que él me escuchaba.

Al día siguiente mi niña no quiso que le cepillara los dientecitos, ni quiso comer, solo se tomo su medicina. Pero al día siguiente fue evolucionando y así sucesivamente.

Al séptimo día decido llevarla a la clínica y precisamente donde el doctor que la desahucio. Entramos al consultorio y lo único que él dijo fue “Jehová hizo su trabajo”.

Pues esta historia duro aproximadamente 30 minutos y ese mismo tiempo lo duramos en silencio, escuchando a la pobre madre despavorida por el dolor que sentía.