Cada relación funciona a su propio ritmo y con diferentes reglas, así que ordenar este proceso en etapas puede resultar tan acertado como incorrecto dependiendo del punto de vista de cada persona. En cualquier caso, existen una serie de puntos en común que sí es posible sistematizar con bastante acierto.

1. Enamoramiento. En esta primera fase descubrimos la existencia de la otra persona y le atribuimos características únicas y especiales. Nos damos cuenta de que él es, de entre todos, la persona adecuada. Solo vemos sus virtudes y las exageramos dándoles mucho peso a la hora de describirlo o pensar en él. En este sentido, se puede decir que la fase de enamoramiento es un proceso de idealización de la otra persona.

2. Compensación. Complementando la etapa anterior, en los siguientes meses comenzamos a tomar una visión más cercana de la realidad en la que entramos en contacto con los defectos de la otra persona. Empezamos a ser más conscientes de cuáles son aquellos puntos que nos separan y causan tensiones, y se adquiere una visión más global y acorde a la realidad de nuestra pareja.

3. Proyecto de vida en común. Si conseguimos superar con éxito estas dos primeras fases encontrando la manera de ceder y encajar con las virtudes, los ritmos y los defectos de la otra persona, comenzaremos a elaborar un proyecto de vida en común. Este proyecto variará en función del momento vital de ambas personas: si son estudiantes, si uno trabaja y otro no, si se llevan pocos o muchos años…

4. Matrimonio. El paso siguiente a elaborar un proyecto de vida juntos suele ser el matrimonio, aunque esta fase incluye también la convivencia como pareja de hecho. Se caracteriza esencialmente porque la relación madura y se convierte en un proyecto de futuro. Ambos miembros de la pareja se comprometen a apoyar al otro, a hacerlo feliz, a ser fiel y leal en los buenos y en los malos momentos.

5. Familia. Uno de los frutos del proyecto de vida en común y el matrimonio suele ser la familia. Cuando llevan una serie de años juntos y entienden que ha llegado el momento gracias a su estabilidad personal y económica, las parejas deciden tener hijos y educarlos juntos conforme a su modo en común de entender la vida.

Una de las grandes preocupaciones de las mujeres de este siglo es que se pierda la magia y la relación evolucione. Lejos de ser un mal síntoma, que la relación cambie significa que están avanzando de una fase a otra y que cada vez son una pareja más madura y estable.