Estamos todos los ciudadanos convocados a una protesta mañana el Parque Independencia, la tercera o cuarta manifestación popular de esta semana en contra de la reforma fiscal. A pesar de las convocatorias que reflejan un despertar general de la conciencia Dominicana, me pregunto ¿hasta cuándo nos va a durar el impulso de la indignación y la ira? ¿Será la protesta solo ira y luego no nos quedará impulso para hacer cambios?

Tal como comenté hace unos días, “protestar no es un fin en sí mismo”. Estamos corriendo el riesgo de generar aun más desesperanza si no aprovechamos el momentum que nos está ofreciendo el colectivo con su apoyo. Si mañana, el Presidente Danilo Medina pusiera un micrófono en frente de las masas. ¿Qué quieren ustedes que se haga? Lo que sugieren los cantos a coro en las protestas hasta ahora, apuntan a dos respuestas: reversión de la reforma fiscal y encarcelamiento del ex Presidente, Leonel Fernández. ¿Qué piensan obtendremos como respuesta?

A raíz del ejercicio anterior podemos experimentar dos sentimientos: que se nos desinfló el pecho de la desesperanza, o que no habíamos pensado mucho en el contenido de las protestas. Las manifestaciones son un vehículo para entrar en un plano de discusión y/o negociación con nuestros representantes políticos. ¿Que no funciona? Preguntémosle a Juan Hubieres si considera protestar en desacuerdo como asunto fútil. La diferencia entre las federaciones y asociaciones de transportistas y nosotros es que están organizados. ¿Cómo emularlos?

Voz y responsabilidad

Si logramos un apoyo popular que genere suficiente presión para incluir el sentir ciudadano en la (re)formulación de política pública, implica generar activamente la mayor posibilidad de impactar a favor de la voluntad popular la política pública. Podríamos empezar con algunos principios de negociación:

Antes de la negociación, cada una de las partes redacta sus “no-negociables”, los puntos en los cuales no estamos dispuestos a ceder o en los cuales estamos dispuestos a aceptar un no-acuerdo. Antes de iniciar la discusión, estratégicamente debemos prever cuales serán los no-negociables de nuestra contraparte. En el caso de los protestantes versus el gobierno, esto implicaría entender que el Estado necesita más dinero para funcionar, por lo tanto pedirles anular la reforma es una opción que nos llevará a un “no-acuerdo”. ¿Cuáles son las opciones que estamos dispuestos a considerar?

Reforma fiscal e impunidad a la corrupción

El aspecto más preocupante de lo que acaba de aprobarse como ley de reforma fiscal, es su regresividad. El aumento progresivo de la tasa del ITBIS afecta más a la población que gasta la mayor proporción de sus ingresos en alimentación, generalmente las familias de menores recursos. Algunos partidos políticos y organizaciones han planteado alternativas, unas en más detalle que otras, en cuanto a las fuentes de recaudación y opciones para reducción del gasto. Conocer lo que plantea la reforma, y las alternativas que se han presentado en contraposición, es un buen lugar para comenzar a identificar cuál sería el régimen tributario que estaríamos dispuestos a aceptar.

Dado que el déficit es el resultado de un mal manejo de los recursos públicos, un punto implícito en la aceptación de cualquier cambio en los ingresos fiscales que venga de nuestro bolsillo es que habrá real rendición de cuentas sobre el déficit y la ejecución del presupuesto de ahora en adelante. Es normal preguntarse qué está haciendo en esta materia el Departamento de Prevención a la Corrupción Administrativa (DPCA). Otra opción a reconocer en torno al manejo transparente de recursos públicos lo ilustra la experiencia internacional en leyes de responsabilidad fiscal, como lo recuenta el Centro Regional de Estrategias Sostenibles (CEES).

Incentivos a la disidencia y partidos políticos

Un último punto relevante tiene que ver con la “captura” de los movimientos civiles.

En el ejercicio de imaginación que hicimos arriba, algunos pensamos que durante las protestas o cuando demostramos apoyo a grupos civiles en contra de la protesta, lo hemos hecho sin haber dialogado antes sobre nuestras posiciones. Efectivamente, muchos hemos protestado en persona o en las redes sociales sin estar informados. ¿Por qué la falta de diálogo e información es peligrosa en este escenario?

Los partidos políticos que actualmente son parte de la oposición, y otros grupos de interés organizados, tienen incentivos para “capturar” a los movimientos civiles de protesta y avanzar sus propias agendas políticas. Dado que las protestas son, según tengo entendido, de naturaleza apartidista, entonces debe ser prioridad de estos movimientos la articulación y transparencia de las ideas que está apoyando el colectivo con su presencia en las manifestaciones y con sus “likes” y “retweets”. Sino, estamos reproduciendo con nuestro apoyo ciego lo mismo que criticamos nos sucede hoy con nuestros diputados y senadores. Están “poniendo palabras en mi boca”, apoyando cosas que no apoyo yo y que no estaban implícitas en mi voto.

Un ejemplo de una potencial captura preocupante es que mañana protestarán también los transportistas, y mientras negocian sus propias condiciones del pedazo del pastel, los protestantes que no tienen propuesta podríamos ser absorbidos por éstos que ya han planteado su punto de negociación.

En conclusión, debemos informarnos y motivar el diálogo. No podemos permitir que nuestro clamor sea “capturado” o desperdiciado. Una sociedad civil unida tiene derecho de ser escuchada y debemos maximizar el potencial de influenciar no solo con el voto, el curso de la nación y las políticas públicas.

Por María Eugenia Báez, gracias por compartirlo! :)

Foto: DiarioLibre